infinitos

Nuevamente surgen las ganas de escribir al infinito. ¿Eso dije? ¿Al infinito? Quise decir que quiero escribir sin motivos. Dejar que fluyan los dedos sobre el teclado y produzcan palabras nuevas, como si fueran delfines jamás vistos. El desgaste que internet produce, sin embargo, rompe paulatinamente con las ganas de escribir, con las ganas genuinas de producir una vida que sea relatable. Pero nos salva ese mínimo pedazo de certidumbre, esa especie de cartón corrugado donde se puede leer: "lo que vos digas es nuevo, nadie más lo dijo antes, estás creando algo de la nada". Esa mentira de papel a veces da ganas de seguir palabreando como si fuera una actividad de todos los días, con la diferencia de que hay que saber que es nueva. Pero hay que ir con cuidado, como si se comiera fideos encima de un óleo sobre tela. Hay que tratar de seguir el oficio de hablar desde uno mismo, y cortar cuando se lo crea necesario.