Tuesday, April 29, 2008 

sobre la escritura y sus voluntades, sobre el límite de la escritura en los decires, acerca de los caballos y sus lenguas en la arena

¿Por qué me interesa el problema de las voluntades? ¿Qué es lo que me conduce a preguntarme cada día el por qué de nuestras acciones? ¿Hasta qué punto me encuentro interesado por escribir? ¿No se trataría más bien de un movimiento narrativo en torno hacia la pregunta por la causa de la escritura?
Mi pregunta ahora es de qué soy parte cuando me pregunto estas cosas. ¿Qué tiene que ver todo esto que me pregunto con el tiempo que estoy viviendo?
Es claro que no hay un falso enlace entre mis voluntades de escribir acerca de las voluntades del escribir y lo que otros sujetos escriben en otros lugares más o menos hoy.
Me cuesta infinitamente decir que mi pregunta no es contemporánea. Claro que lo es, o por lo menos es una pregunta vieja. Pero lo que no me creo es que sea el único que lo haya formulado al tema de este modo.
Eso me inquieta bastante y me produjo preguntas siempre. ¿Cómo es eso de que somos originales? No hay dos iguales en el mundo. Dos como yo no existen, pero de todas formas, según dicen, la gente se encuentra dos veces en la vida.
Entonces nos preguntamos y nos repreguntamos -o yo me pregunto y repregunto- qué de lo que hago ya es sabido por ese que ya me encontró y con quien me reencontraré en el futuro.
Pero a su vez, me cuestiono sobre la tremenda pregunta de las voluntades y la representación. No es en el sentido de Schopenhauer que lo pregunto, sino en el clásico sentido de la voluntad conjunta. Si yo voy a una marcha o demostración, ¿cuánto aumenta el porcentaje de individuos que fueron? Esta pregunta aborda el problema del posible granito de arena que aporta cada sujeto al colectivo. ¿Cómo es esa ecuación que produce grupalidad, cómo nos movemos de un micro a un macro, de un singular a un plural? De todas formas no quiero abordar esto, sino volver al por qué de la escritura y específicamente al por qué de la voluntad por escribir.
Hay una especie de escribifilia que tiene una mística que quizás sea jamás inigualable. ¿Desde qué lugar podemos abordar esto? En principio, en torno al mito. Escribir es historizar e historizar es producir mitologías. Ahora bien, no nos contentamos con esta propuesta, que respondería que todo se trata de poder sostener/reinventar el mito fundacional. Allí no puedo ser libre de escribir como lo soy en este momento. Tengo muchas posibilidades de abordaje y yo elijo qué mito es narrable y qué mito no. Pero a mí, al escribir, me interesa saber qué mito es narrable y qué mito no.
Eso es un verdadero problema, me pregunto por lo que escribimos y por nuestra voluntad de escribir pero me pregunto además por esta tendencia a no querer decir cualquier cosa o no querer preguntarse cualquier cosa.
Sería simplificar el asunto reducirlo al dualismo neurosis psicosis. Pero es una propuesta válida, porque se puede pensar que el neurótico, con su amor por la generalización, dice que escribe pero en realidad no sabe que escribir es escribirlo todo. El psicótico, en cambio, por su amor por lo infinitesimal, se abalanza hacia la política de abarcar lo que no entra en el barco. Esta Arca de Noé con sobrepeso es el modo de operar que permite al psicótico decir todo, en el caso de que existiera un decir psicótico. El neurótico podrá allí responderle que pudo decir todo por medio del decir algo, o que no pudo decir nada, lo que es lo mismo.
Debemos volver a encarrilar el problema separando a la escritura del decir, ya que es posible que hayamos caído en gruesos errores al tratarlos como una misma cosa.
Claro que existe un decirescrito, del cual no nos ocuparemos hoy, pero lo más interesante del asunto es que una escritura como tal carece en pleno de vinculación con la labor interpretativa, que es más propia del decir.
La escritura es en cambio seca, es una lengua de caballo sepultada en el medio de la arena.
Entonces la pregunta es por qué nos queremos comer la lengua del caballo, o por qué nos interesa tanto el por qué de las escrituras y sus motores. Y lo que es peor, queremos comer arena al preguntarnos qué es lo que no se escribe. Lenguaescritura y arenanoescrita, aquí se desarrolla mi gran pregunta sobre las compulsiones y las voluntades.
Después vendrá el decir a tratar darle un refresco a esa lengua muerta que es la escritura. Las lenguas se vuelven así privilegiadas y, malcriadas o no, dicen. Pero este es el límite de mi desarrollo, que va del oscuro por qué de la escritura a sus límites, que son más claros y frescos y son puros lenguadecires.

Sunday, April 27, 2008 

en torno a una mayor precisión acerca del tema de la escritura

A mí me está empezando a parecer que muchos de nosotros -los tarados, los que hacen blogs horribles, los que ennegrecen el campo de la literatura, los que destrozan la gramática- escribimos a causa de lo que voy a llamar teoriapelotuda. La esbocé en el blog vino con sandía, pero ahora desarrollo el asunto diciendo que todo se trata de ver si podemos ser recordados un poco más. La pregunta entonces es por qué nos tendría que importar que los astros nos hagan un lugarcito.
Si pudiéramos contestar esta pregunta, yo creo que ya no tendría más sentido pensar que la vida tiene sentido. Todos pensarían que no lo hay si hubiese una respuesta a la pregunta de nuestro deseo de trascender.
Nadie querría entonces meterse en semejante contienda con la vida, aunque todo este divague me produce un poco de duda. Porque también está el evidente problema lenguajero, el problema más psicománcico de todos, el que nos hace decir que es terriblemente difícil arribar a una cosa lenguajeada sin haber realizado los movimientos suficientes. Y de estos movimientos se trata, de jugar con el lenguaje, las palabras y los dichos hasta arribar a eso que es lo nuevo, lo nuncadicho. Pero el nuncadicho es una especie de pelota que se fue muy afuera del arco y ya no encontramos más: hablamos mucho del nuncadicho pero a la hora de ir a buscarlo no lo encontramos.
Y lo que és más notable: la nuncadichencia es no ostensible, esto quiere decir que es imposible señalar un nuncadicho como tal. El Quijote de Cervantes puede ser único pero te lo pongo en duda y ya está. Te hablo de la copia, de las copias y los quijotes apócrifos, de los pdf y los .doc.
Entonces, ¿qué es nuevo y cuándo lo es? Lo nuevo es el decirmás, y acá se unen nuestros dos hilos de trabajo de lo que hoy quisimos decir. ¿A nadie lo dejó convencido o satisfecho lo que acabo de decir? Entonces es mejor, porque diremos más gracias a eso.
Qué difícil es escribir saliendo de la necesidad de decir que Lacan estuvo sin quererlo inmiscuido en la microgénesis de mis palabras.

Saturday, April 12, 2008 

escritura

Toda mi vida me pregunté por qué nos preguntamos. ¿Qué nos lleva a encontrar preguntas nuevas para hacernos? Erik Kandel, un neurólogo que además se llenó de fama durante su vida, aparece en la tele. Y dice cosas. Al parecer, las madres siempre preguntan a sus hijos si aprendieron algo nuevo en la escuela, mientras que las madres judías preguntan si hemos preguntado algo interesante en la escuela.
Yo nunca dije nada interesante, pero quizás me pregunté cosas interesantes sin decirlas. Una pregunta fuerte es esa, tiene que ver con la cuestión de la compulsión a hacer. La pregunta es personal, se vincula al por qué de mis arranques o, digamos, el por qué de mis impulsiones que me llevan a crear.
Impulsos o tendencias a la creación, son de los mejores que tengo, y me llevan a escribir, dibujar, pintar, hacer música, leer en un sentido activo, etcétera.
Esta pregunta es imposible de responder hoy, por lo que me contento con volver a formularla de otra manera. Este sistema es interesante: si no podés responder a tu pregunta, entonces preguntá de otra forma. Entonces, mi nueva forma de preguntar es: ¿qué lleva a Ludwig Wittgenstein a escribir cada día una página nueva en su diario?
La escritura puede transformarse en una rutina, pero si estamos hablando de escritura propiamente dicha y no de lo que Lacan denomina el bla-bla, es forzosamente dolorosa. Podríamos decir entonces que escribir es un placer masoquista, pero no nos podemos contentar con una teoría simple del goce. Entonces diremos, o diré yo y nadie más, y lo digo por ahora, que escribir es un intento de relacionarse de otro modo con la muerte. Pero he ahí otra visión limitada del problema, ya que estamos haciendo una referencia indirecta al psicoanálisis una vez más.
Finalmente, diremos que escribir es un intento de hacernos famosos, de hacernos reconocer por el otro. Eso también tiene un fuerte olor a psicoanálisis así como a teorías motivacionales de la psicología del trabajo.
Así que suspendamos, por favor, estos esbozos baratos de respuesta y sigamos reformulando la pregunta. Quizás reformular la pregunta sea elaborar un culto al aburrimiento, pero es lo que tenemos a mano. Ojalá pudiésemos contestar una pregunta con otra pregunta -una pregunta que fuera verdaderamente otra-, o seguir encontrando respuestas, baratas o mejor no tanto, a nuestra pregunta. Pero es costoso, y aquí hay una característica que podemos subrayar de la tendencia impulsiva a la escritura: hay una economía de la inclinación a la escritura tal que mueve a no preguntarnos de un modo realmente paradigmático, sino a lo que podría llamar un trabajo en barato.
De algún modo podemos preguntarnos si no se trata de un trabajo lineal en vez de textual. No hay aquí un tejido de ideas, sino un despliegue improvisado de propuestas.
Puedo trabajar este tema un poco más. El modo impulsivo de escritura, el modo apetente de la escritura, busca siempre la pregunta y luego la repregunta, cuando no se le interpone en el medio la respuesta de compromiso. En cambio, la escritura, aquella escritura otra, la escritura que se vincula un poco más con la planificación y la alguna vez denominada ciencia, escapa a la improvisación y sugiere muchas respuestas. No voy a desarrollar esto hoy.
Llego a preguntarme, por último, si la respuesta obtura la pregunta, dificulta la repregunta y da lugar al cierre de la inclinación a la escritura.