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Sunday, April 27, 2008 

en torno a una mayor precisión acerca del tema de la escritura

A mí me está empezando a parecer que muchos de nosotros -los tarados, los que hacen blogs horribles, los que ennegrecen el campo de la literatura, los que destrozan la gramática- escribimos a causa de lo que voy a llamar teoriapelotuda. La esbocé en el blog vino con sandía, pero ahora desarrollo el asunto diciendo que todo se trata de ver si podemos ser recordados un poco más. La pregunta entonces es por qué nos tendría que importar que los astros nos hagan un lugarcito.
Si pudiéramos contestar esta pregunta, yo creo que ya no tendría más sentido pensar que la vida tiene sentido. Todos pensarían que no lo hay si hubiese una respuesta a la pregunta de nuestro deseo de trascender.
Nadie querría entonces meterse en semejante contienda con la vida, aunque todo este divague me produce un poco de duda. Porque también está el evidente problema lenguajero, el problema más psicománcico de todos, el que nos hace decir que es terriblemente difícil arribar a una cosa lenguajeada sin haber realizado los movimientos suficientes. Y de estos movimientos se trata, de jugar con el lenguaje, las palabras y los dichos hasta arribar a eso que es lo nuevo, lo nuncadicho. Pero el nuncadicho es una especie de pelota que se fue muy afuera del arco y ya no encontramos más: hablamos mucho del nuncadicho pero a la hora de ir a buscarlo no lo encontramos.
Y lo que és más notable: la nuncadichencia es no ostensible, esto quiere decir que es imposible señalar un nuncadicho como tal. El Quijote de Cervantes puede ser único pero te lo pongo en duda y ya está. Te hablo de la copia, de las copias y los quijotes apócrifos, de los pdf y los .doc.
Entonces, ¿qué es nuevo y cuándo lo es? Lo nuevo es el decirmás, y acá se unen nuestros dos hilos de trabajo de lo que hoy quisimos decir. ¿A nadie lo dejó convencido o satisfecho lo que acabo de decir? Entonces es mejor, porque diremos más gracias a eso.
Qué difícil es escribir saliendo de la necesidad de decir que Lacan estuvo sin quererlo inmiscuido en la microgénesis de mis palabras.